La cultura, en su rica diversidad, posee un valor intrínseco tanto para
el desarrollo como para la cohesión social y la paz.
La diversidad cultural es una fuerza motriz
del desarrollo, no sólo en lo que respecta al crecimiento económico, sino como
medio de tener una vida intelectual, afectiva, moral y espiritual más
enriquecedora. Este es un componente indispensable para reducir la pobreza.
Diversidad cultural y hegemonía
Un primer peligro es que la diversidad cultural se torne
en ventaja de una «súper cultura», una cultura de culturas, que se impondría
desde arriba a todas las culturas, cubriéndolas y volviéndose de algún modo el
idioma común de la mundialidad. El peligro no reside aquí en anular las
culturas en su existencia diversificada y diferenciada, sino simplemente en
provocar la relegación de las culturas, su marginalización. Éstas últimas
quedarían entonces reducidas a un estatuto de «indigenidad», similares a esas lenguas
vernáculas que no tienen otra función que la de expresar el aspecto utilitario
de la vida, dejando a la «súper cultura» la función de decir y vehicular las
transformaciones del mundo, los nuevos valores y las innovaciones que importan
en la vida de los hombres.
En esta nueva configuración, la «súper cultura»
permitiría incluso el pasaje de una cultura a otra. Sería la lengua en la cual
todas las lenguas del mundo podrían encontrar su equivalente, traducirse y
comprenderse. Desde luego, el riesgo no reside en el pluralismo de las lenguas
y culturas, sino en una especialización rígida que asignaría, en definitiva, a
una lengua o a una cultura funciones que no se les otorgaría a las demás.
El conjunto cultural lingüístico anglosajón está a punto
de ocupar esta posición dominante, mediante su lengua, su potencia tecnológica
y económica y su influencia en el universo de los medios de comunicación. Se
encuentran allí reunidos todos los ingredientes de la hegemonía y una especie
de signo de la potencia que existe. Y que viene. Querer ignorarlo implica
exponerse no a una mono cultura sino a la aceptación de lo que podríamos
designar como una lengua de lo esencial: una lengua del mundo que impondría al
mundo su lengua administrativa, artística o científica y que dejaría a las
demás lenguas y culturas un ámbito de especificidad menor, fragmentos de
historia confinados al folklore de las naciones. Preservar la diversidad
cultural es permitir que cada cultura pueda asumir por medio de sus elementos
constitutivos y sus valores específicos los diferentes aspectos de la vida
cultural, científica o estética de una comunidad humana.
Las funciones
de la cultura
La cultura es un vector de identidad. Es tradición y
transmisión. La tradición es lo que es dado como un marco histórico de
referencia e identificación. Transmitir es mantener el vínculo que une a las
generaciones y proponer a cada individuo las condiciones de su inserción en el
conjunto al que pertenece. Preservar los lugares simbólicos de pertenencia y
perennizar los canales de la transmisión es trabajar por la salvaguarda de las
culturas y obrar con vistas a la diversidad cultural.
Finalmente, la cultura es lo que reúne a los seres
humanos en la común humanidad. La cultura es, pues, también una manera de ver a
los otros, de pensarse con ellos, de tomar conciencia de que la pertenencia a
un grupo comanda al mismo tiempo ciertas reglas de relación con los otros. Lo
cultural es de entrada también lo intercultural. En efecto, ¿de qué valdría una
cultura que no sirviera más que a la definición de sus miembros en un mundo en
el que ninguna cultura está sola ni es solitaria?
